2 de septiembre de 2013

Prologo


Asi fue como acabó su vida


El viaje en auto se había convertido en una fiesta, Kenny, su padre y su hermana pequeña cantaban a todo pulmón una canción que pasaban por la radio. Edward no sabía la letra e inventaba nuevas versiones graciosas, con las cuales sus hijas se reían a los gritos. Así, el cansador viaje de dos horas se les haría llevadero. Aun quedaba una hora de viaje cuando Sarah, que iba enfurruñada en el asiento del copiloto, gritó,
─ ¡baja la música, por favor, que me duele la cabeza! ─ al instante se quedaron en silencio. Ella apago el stéreo, bufando. Las niñas se quedaron quietas, mirando por la ventanilla. Sabían que era mejor no hacer enfadar a su madre. Edward, miro por el espejo retrovisor a sus hijas que habían quedado con cara triste, no entendía como su mujer se comportaba de manera tan desquiciada, ¡por Dios, era una mujer adulta y se comportaba como una cría caprichosa! Volvió a prender la radio y comenzó a cantar como si nada hubiese pasado, animando a las pequeñas a que le siguieran el juego, Lizzie, que solo tenia 7 años, comenzó a carcajearse gracias a la voz desafinada de su padre, pero Kenny solo lo miró con una sonrisa triste, ella sabía que esto llevaría a un enfrentamiento y que su madre se enojaría mucho. Así que se quedó en silencio, mirando alternativamente a su padre y a su madre, esperando el estallido por parte de ella, que sabia que no tardaría en llegar, a juzgar por el tono rojo que estaba tomando su rostro. Y no se equivocaba. Sarah apagó nuevamente el radio y enfrento a Edward, gritándole.
─ ¿es que no tienes nada de consideración? ¿O es tan difícil de entender cuando digo que me duele la cabeza? ─ grito meneando la cabeza con desdén ─ no en tiendo como alguna vez creí que seria feliz al lado de un ser tan inmaduro, que ingenua fui al caer rendida a tus pies…
Lizzie abrazaba con fuerza a Kenny, mientra esta la consolaba. Cuando Sarah comenzó a gritar, la pequeña se asustó y se refugió en los brazos de su hermana mayor.
Edward miraba la escena en silencio. No respondió a su mujer hasta que ésta finalmente termino su discurso con un seco y sin sentimiento
─ ¡quiero el divorcio! 
 ─ Me preguntaba cuanto tardarías en pedírmelo ─ le respondió ─ pero jamás pensé que seria en un viaje familiar, con nuestras hijas delante nuestro.
Hacia varios meses que discutían a diario, ella buscaba pelea por todo, habitualmente lo hacían cuando las niñas se habían dormido, o cuando estaban en el colegio. No quería que sus hijas sufrieran. 
Miro por el retrovisor a sus pequeñas y sus ojos se encontraron con lo de su hija mayor, que lo miraba con dolor para luego dirigir una mirada llena de odio hacia su madre.
─ Yo me quedo con papá ─ dijo Kenny, instantáneamente por su rostro paso de furioso a sorprendido, sin duda no había querido decir sus pensamientos en voz alta. Sarah la miró con una mueca de dolor, después miró a su marido con furia
─ ¡Ahora yo soy la mala de la película! ¡Lo que me faltaba! Te voy a decir algo Mackenzie y que te quede bien claro. ¿Ok?─ le dijo, la niña solo asintió ─ vos te vas conmigo y sin discutir.
Su padre apretó tanto el volante que los nudillos se le pusieron blancos, aun tenía los ojos nublados por la lagrimas que no sabia, había derramado y la pena lo había dejado casi fuera de combate, su rostro aun estaba rojo de bronca por no poder decir lo que quería por respeto a sus pequeñas. 
El viaje que había sido de placer se volvió el preámbulo de una pesadilla. Porque la pesadilla comenzó cuando un auto que venia de frente perdió el control 
─ Las amo princesas ─ les dijo su padre mirándolas por el espejo, su mirada llena de miedo. Antes de que fueran envestidos.

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